Por José Luis Morales
En el amanecer del 26 de noviembre de 1970, el fundo Carranco apareció tomado por sus trabajadores. Era uno más dentro de una seguidilla de tomas que afectaron los latifundios forestales en el cordón montañoso de la provincia de Valdivia.
Prontamente, la prensa alertó algo inquietante. Tras la conmoción rural existía un agitador al que todos llamaban “Comandante Pepe”. Su nombre real era José Gregorio Liendo Vera, estudiante de la UACh que se involucró en la lucha de los trabajadores de la montaña. Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El Correo de Valdivia dijo que Liendo “controlaba” toda la zona precordillerana de Panguipulli y amenazaba con levantar un movimiento de cinco mil campesinos[1]. El presidente de la DC, Narciso Irureta denunció en el Senado la existencia de un centro guerrillero en Liquiñe, cuyas actividades llegaban hasta la Argentina. Para Irureta las montañas estaban bajo la sombra del “bandidaje y el caos”[2]. Imagen similar dibujó su correligionaria Pabla Toledo, quien describió a los miristas como “chascones” que extorsionaban a los campesinos y secuestraban a las mujeres para interrogarlas sobre sus orientaciones políticas[3].
Estas denuncias llevaron a que José Tohá, ministro del interior por entonces, viajara a la zona para evaluar la situación. En terreno constató que el terror guerrillero era ficticio. Ni secuestros, ni grupos armados. Sí conflictos de larga data asociados a la tenencia de la tierra y al régimen de explotación de los gigantescos latifundios forestales. Fue en el fragor de las tomas de estos fundos donde Liendo se hizo popular. Apodado como “comandante” por su disciplina militante. Liendo contribuyó a la organización de las tomas de fundo, pero no fue el responsable último de estas, integró un amplio movimiento popular rural, propio de la coyuntura histórica que los campos sureños vivieron durante los años de Allende.
Liendo ofreció algunas entrevistas en las que dio su parecer sobre la justicia de la movilización obrera y campesina. En 1971, las revistas Vea, Punto Final y Puro Chile perfilaron a un militante comprometido con la abolición de la explotación del latifundio. Su imagen ruda, barbuda, pistola al cinto -incluso asmático como el Che Guevara-, alimentó el imaginario político de simpatizantes y enemigos. El Comandante Pepe se transformó en un nuevo Pincheira, un bandolero rural, cuya leyenda fue creciendo con los años.

Para los enemigos de Allende, la existencia de un “guerrillero” en la selva valdiviana se volvió un chivo expiatorio. Símbolo de la violencia extremista que amparaba el gobierno de la Unidad Popular. Diversos referentes de la oposición usaron a Liendo para ilustrar su crítica al gobierno. La periodista Nena Ossa -antiallendista y luego funcionaria de la dictadura- entrevistó a Liendo y aseguró que este declaró que debían morir “más de un millón de chilenos” para lograr la revolución[4]. Cuña que ha sido usada en reiteradas ocasiones por la derecha para demostrar el perfil violento del personaje. Sin embargo, el británico Alistair Horne en su libro Small earthquake in Chile, relata la mencionada entrevista ocurrida en Trafún. Allí, acompañado de Ossa -quien se limitó a ser intérprete- constató las miserables condiciones de vida de los trabajadores y encontraron a un Liendo bastante más amigable de lo que describió Ossa. Horne confirmó que no existía una base guerrillera, sólo la miseria de los trabajadores[5].
Cuando en septiembre de 1972, el gobierno denunció el complot de los gremios contra Allende, conocido como “Plan Septiembre”, los conjurados echaron mano a Liendo. “Si los camioneros fuéramos hombres desocupados por rehuir el trabajo o a los cuales la ociosidad y la vagancia impulsara a aventuras políticas, tal vez podríamos tener muchos Comandantes Pepes envueltos en asonadas, sediciones y planes raros…” fueron las palabras del líder camionero Guillermo Satt cuando fue interpelado públicamente. Algo similar hizo Eduardo Frei Montalva, en una carta a Bernardo Leighton dónde le recriminó no dimensionar el “despeñadero” al que la Unidad Popular había llevado al país, usando como ejemplo los “territorios ocupados por el Comandante Pepe”[6]. Liendo era una pincelada más en el cuadro catastrófico del Chile socialista.
Este tipo de relatos contribuyó al discurso salvacionista del golpe militar. La tortura y los fusilamientos ejecutados por el Ejército fueron justificados como una guerra contra los guerrilleros. Los medios de propaganda de la dictadura reforzaron la leyenda del Comandante Pepe. En el documental Chile y su verdad (1977) se relata el caso de Antonieta Macchi Bonadey, propietaria del fundo La Tregua, cercano a Panguipulli, quien habría sido asaltada y violada por decenas de “extremistas” en diciembre de 1970. Apenas tuvo la oportunidad, Macchi se suicidó.
Este caso también ha sido reproducido reiteradas veces para acusar a Liendo como responsable del ataque. La diputada Gloria Naveillan y Axel Kaiser han difundido, sin ninguna prueba ni fuente, que Liendo ordenó la violación de Antonieta Macchi y que incluso, una vez muerta, los asaltantes se sirvieron un banquete a ojos de sus hijos huérfanos[7]. Sin embargo, las fuentes de la época muestran una realidad distinta.
Una vez tomado el fundo La Tregua, autoridades, carabineros, periodistas e incluso un médico, se dirigieron al lugar. El Correo de Valdivia relata que la toma fue realizada por trabajadores del fundo y en palabras de los campesinos, no hubo militantes políticos involucrados ni tampoco se asaltó ni violó a la propietaria. Lo que sí se pudo comprobar es que Antonieta Macchi se suicidó tras consumir barbitúricos. El intendente de entonces Víctor Monreal, constató que en la toma no hubo armas, no se dinamitaron puentes, no se robó en la casa patronal y que Macchi aparentemente sufría desde hace años un cuadro ansioso que la llevó al suicidio[8].
José Gregorio Liendo Vera fue fusilado el 3 de octubre de 1973, acusado de asaltar el retén de Neltume. Liendo murió pero El Comandante Pepe vive hasta hoy como una figura legendaria en la historia de la Región de los Ríos. Su mitificación, fruto tanto de la calumnia derechista como del romanticismo de izquierda, oscurece el amplio proceso de movilización rural que desbordó al personaje en cuestión.

[1] “Líder mirista opera en zona de Panguipulli. Se hace llamar Comandante Pepe”. El Correo de Valdivia, 3 de febrero de 1971, página 7.
[2] “Senador Irureta: Funciona un centro guerrillero en Liquiñe. Pocas informaciones por temor a represalias”. El Correo de Valdivia, 4 de febrero de 1971, páginas 1 y 6.
[3] “Rechazamos los métodos usados por la Unidad Popular. La parlamentaria se refirió a tomas de fundos”. El Correo de Valdivia, 15 de febrero de 1971, página 7.
[4] Nena Ossa, Allende thank you! Vivencias periodísticas y personales (Editorial Maye, 2009).
[5] Alistair Horne, Small Earthquake in Chile (New York: The Viking Press, 1972), 184.
[6] Carta de Eduardo Frei Montalva a Bernardo Leighton, Santiago, 22 de mayo de 1975; “Camioneros rechazan Plan de septiembre. Tenemos planes para todo el año”. El Camionero, Año II, N°17, Septiembre 1972, página 26.
[7] https://www.bcn.cl/laborparlamentaria/participacion?idParticipacion=2359720; https://fppchile.org/terroristas-revolucionarios/.
[8] “No hay armas ni puentes destruidos”. El Correo de Valdivia, 2 de diciembre de 1970.
Bibliografía
Horne, Alistair. Small Earthquake in Chile. New York: The Viking Press, 1972.
Ossa, Nena. Allende thank you! Vivencias periodísticas y personales. Santiago: Editorial Maye, 2009.








